Tata Nano Goldplus, extravagancia de 3 millones

Tata Nano Goldplus

Las extravagancias y los excesos son parte integrante de la misma esencia de las grandes ferias internacionales del automóvil, y el Salón de Frankfurt que se celebra estos días no es una excepción. Una de ellas fue la presentación que protagonizó el fabricante indio Tata de su modelo Nano decorado con unos materiales realmente poco habituales.

Tata presumía de vender los coches más económicos del mundo, lo cual tal vez haya generado en ellos cierto complejo de inferioridad ante las grandes marcas, que intentan sorprender y deslumbrar a todos en estas citas. Así que para sacudirse los complejos han presentado el Tata Nano Goldplus con una carrocería construida a base de oro, plata y piedras preciosas valorado en… ¡3,36 millones de euros!

Es posible que la idea sea del gusto de los indios (de hecho este país asiático es el mayor consumidor de joyas y orfebrería del mundo), pero en el resto del mundo, especialmente en Europa, nos parece poco menos que una obscenidad, sobre todo en los tiempos de crisis que todos padecemos. Sí, es cierto que se trata de un diseño pensado únicamente para causar asombro y concitar todas las miradas del Salón. Desde luego, si ése era el objetivo, lo han conseguido con creces.

Cegados por todo este brillo, las características técnicas de este modelo quedan en un discreto segundo plano. Hipnotizados por el pavo real del capó, los 80 kg. de oro, los 15 kg. de plata y las 10.000 piedras preciosas que han sido laboriosamente incrustadas por todas las partes de la carrocería, a nadie se le ocurre pensar en datos de potencia, consumo o cilindrada. A nadie le interesa.

De modo que ésta será seguramente la anécdota más destacada del Salón de Frankfurt de este año. Un innecesario derroche de dinero y mal gusto dudoso gusto que sin embargo ha conseguido que todos acabemos hablando y escribiendo de él. Un coche que en India se comercializa por apenas 1.500 € convertido en un delirio digno de un maharajá con un coste de más de tres millones de euros. Simplemente, una locura.





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